Ian Stevenson

Ian Stevenson

Ian Stevenson

Ian Pretyman Stevenson fue un médico canadiense, bioquímico y profesor de psiquiatría. Hasta su jubilación en 2.002 fue jefe de la división de Estudios de la Percepción en la Universidad de Virginia, donde se investigan fenómenos paranormales.

Stevenson pensaba que los genes y el entorno no bastaban para explicar el comportamiento y desarrollo humano y que la reencarnación tenía un papel importante. Durante 40 años viajó por todo el mundo realizando una exhaustiva investigación a unos 3.000 niños que manifestaban recuerdos espontáneos de vidas pasadas. Escribió “Veinte casos que hacen pensar en la reencarnación“, “Los niños que recuerdan vidas pasadas“, así como numerosos libros y artículos sobre medicina, casos de reencarnación en diferentes países (p.ej. una obra de 4 tomos con 65 casos titulada “Cases of the Reincarnation Type“) , marcas y defectos de nacimiento (“Reincarnation and Biology” y “Where Reincarnation and Biology Intersect”) y estudios y casos sobre fenómenos paranormales (“Telepathic Impressions”, “Unlearned Language: New Studies in Xenoglossy” y “Xenoglossy: A Review and Report of A case”) todos ellos importantes a la hora de exponer evidencias sobre la reencarnación y lamentablemente, que yo sepa, no publicados en español. He preparado un resumen de una de sus conferencias en inglés, titulada “Scientific Evidence for Reincarnation“.

Su trabajo sobre la reencarnación fue utilizado también por otros autores, como Tom Shroder en “Nuestras vidas anteriores: Pruebas científicas de la existencia de vidas pasadas” (Old Souls: The Scientific Evidence for Past Lives), periodista que le acompañó en sus últimos viajes y Jim B. Tucker en “Vida antes de la vida: Los niños que recuerdan vidas anteriores“, que trabajó en la División de Estudios de la Percepción de la Universidad de Virginia junto con Stevenson, y pasó a dirigirla cuando se jubiló.

Stevenson heredó de su madre, seguidora de la Teosofía (según Stevenson un tipo de budismo enlatado para los occidentales, donde la reencarnación es un pilar fundamental) su interés por lo paranormal. Sus frecuentes postraciones en cama por enfermedad, hicieron de él un lector voraz. Estudió medicina en Escocia y Montreal, donde se licenció y doctoró como primero de su clase. Ya trabajando en el Hospital de Nueva york como miembro de un equipo de investigación en medicina psicosomática, decidió capacitarse como psiquiatra, y pasó a enseñarla en la Universidad de Luisiana. En los 50, inspirado por Aldous Huxley, estuvo involucrado en los primeros estudios sobre el LSD y la mescalina. En una conferencia contó una experiencia mística con LSD (una sensación de plena comunión con la humanidad y el mundo) y otra con mescalina (que afirma que le abrió las puertas a un mundo nuevo de percepciones).

Comenzó su carrera profesional con polémica, al oponerse a las teorías de Sigmund Freud. Para Stevenson, tanto el determinismo como el psicoanálisis no son suficiente para explicar la personalidad. De hecho lo consideraba errado, limitado y no científico. Buscando respuestas a las grandes preguntas, descubrió la parapsicología (rama de la ciencia que busca pruebas objetivas de las capacidades avanzadas de la mente, como la telepatía, la existencia de “algo” que sobrevive a la muerte del cuerpo o el fenómeno poltergeist). A finales de los 50 comenzó a investigar casos de niños que recordaban vidas pasadas sin hipnosis. En 1.961 fue invitado por Eillen j. Garrett (fundadora de la Fundación de Parapsicología) a viajar a la India y Sri Lanka donde comprobó que los casos eran abundantes e impresionantes (en su primer viaje a la India, en 4 semanas descubrió 25 casos).

El millonario Chester Carlson, descubridor de la fotocopiadora y fundador de la empresa Xerox le dio apoyo financiero, y siguió haciéndolo incluso después de su muerte (dejó 1 millón de dólares a la universidad, y otro a él). Con este dinero Stevenson pudo realizar una impresionante investigación, viajando más de 55.000 millas al año durante 5 años.

En su afán de utilizar el método científico en su investigación, Stevenson sólo estudiaba casos de recuerdos espontáneos, en los que los niños comenzaban a hablar de una vida anterior sin que nadie se lo pidiera, evitando casos de recuerdos mediante hipnosis para eliminar las dudas sobre la posible manipulación o influencia (intencionada o no) del hipnotista. Además se centró en los recuerdos de los niños, no sólo porque eran casos mucho más abundantes sino porque sus recuerdos no están tan contaminados por la experiencia (TV, libros, comentarios de terceros…). En niños muy pequeños incluso se puede identificar casi todo a lo que han estado expuestos. En algunos de sus casos, el relato de la vida pasada es prácticamente lo primero que el niño cuenta al comenzar a hablar.

El principal valor de la larga y exhaustiva investigación de Stevenson es la solidez del conjunto, que permite detectar patrones y que compensa cualquier posible inexactitud que pueda haber en algún caso individual (lo que no quiere decir que las haya).

Stevenson informó de que los niños suelen comenzar a recordar entre los 2 y los 5 años, y dejan de hacerlo sobre los entre los 5 y los 7/8 años, recordando a menudo claramente una muerte violenta (nota mía: quizas este sea el motivo de que esos recuerdos afloren). Como si fuera un detective, interrogaba al niño, a su familia y a otros que pudieran tener algo que aportar y luego buscaba una persona que cuadrara con la información facilitada por el niño y que hubiera muerto antes de nacer éste. Fruto de este arduo trabajo Stevenson consiguió documentar muchos casos en que raras e inusuales marcas o defectos de nacimiento coincidían con heridas que estaban registradas en los registros médicos o en la autopsia de la persona que Stevenson había identificado como la vida pasada del niño.

Además de las concordancias físicas, Stevenson destacaba el comportamiento de los niños con los miembros de su presunta familia anterior, coherentes con su papel anterior y no con el actual (por ejemplo mostrando deferencia al esposo o dando órdenes a un hermano menor -que ahora era mucho mayor que él-, tal y como al parecer es habitual en esa cultura). Más de la mitad de los niños describió una muerte violenta, y en su vida actual tenían miedo a las armas asociadas. Muchos jugaban a juegos relacionados con su profesión anterior.

Stenvenson, como si fuera un periodista de investigación, buscaba explicaciones alternativas, como que el niño hubiera podido conseguir información sobre la otra persona por cualquier medio, que los testigos le estuvieran mintiendo o que fuera una coincidencia. Según Shroder, en decenas de casos ninguna de estas explicaciones se sostenía.

Stevenson reconoció la ausencia de evidencia de un proceso físico mediante el cual una personalidad podía sobrevivir a la muerte y viajar a otro cuerpo. Pero aunque no se pueda saber como ocurre, hay muchas evidencias de que ocurre.

La comunidad científica acogió con frialdad las conclusiones de Stevenson y tendía a ignorarlas, descartarlas e incluso a burlarse de ellas, a pesar de que que habían sido revisadas por colegas profesionales y tres observadores científicos dijeron que se había seguido rigurosamente el método científico al realizar la investigación (se criticó más tarde que eran investigadores relacionados y subvencionados por él). Hasta su primera mujer le dijo “Tienes una carrera muy prometedora. Todo te va muy bien. ¿Por qué quieres seguir adelante con esto?”. De hecho, sus dos esposas eran escépticas respecto a la reencarnación, aunque su segunda mujer siempre le animó en su trabajo.

Sin embargo también tuvo muchos apoyos de científicos que destacaron su rigurosidad y minuciosidad para separar los hechos de la fantasía, su credibilidad científica y personal, la legitimidad de sus métodos de investigación y la conformidad de su razonamiento a los cánones habituales del pensamiento racional.

Antes de su muerte asumió que su objetivo de que la ciencia considerara la reencarnación como una posibilidad, no iba a ser posible durante su vida. Su mayor frustración no fue que la gente desestimara sus teorías, sino que la mayoria lo hizo sin ni siquiera leer sus trabajos.

El archivador cerrado con llave: Hace varias décadas, en la División de Estudios de la Percepción, compro una cerradura de combinación y la puso en un archivador. Basó la combinación en un recurso mnemotécnico que sólo él conocía, probablemente una palabra o una frase. Dijo que, si se sentía capaz, trataría de comunicarla (hay que recordar que allí se estudiaban los fenómenos paranormales). Que yo sepa, el archivador sigue cerrado.

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