Religión y reencarnación

Religión y reencarnación

Religión y reencarnación

He creído oportuno hacer un resumen de como enfocan las principales religiones, creencias o filosofías el tema de la reencarnación. Probablemente no van a arrojar luz sobre las preguntas para las que busco respuesta, pero creo que es útil saber que, por ejemplo, los antiguos cristianos también creían en la reencarnación, o cómo realizaron su investigación los tibetanos para describir con tanto detalle lo que hay tras la muerte. Para preparar algunas partes de este resumen me he apoyado en el trabajo sobre este tema que David Sentinella hace en su libro “Más allá de la vida”, además de en muchas otras fuentes:

Chamanismo: Por antiguedad, sin duda debe ocupar el primer lugar. Agrupa variadas creencias a lo largo de todo el mundo, con muchos aspectos comunes. Uno de ellos es la existencia de un mundo de los espíritus, que interfiere en nuestro mundo y al que pueden acceder los chamanes. Respecto a la reencarnación, el tema parece claro: somos espíritus, y hemos venido desde nuestro hogar (el mundo espiritual) a ocupar nuestros cuerpos físicos, para poder aprender a lo largo de distintas vidas. En el mometo de la muerte, el espíritu sobrevive y vuelve al mundo espiritual donde se reune con los otros difuntos.

Druidismo: Los druidas celtas pertencen al chamanismo, y también creen en la existencia de varios mundos a través de los que se puede viajar mediante estados alterados de conciencia. Eran mediums que podían comunicar con sus antepasados, y creían en un alma o espíritu inmortal que moraba dentro de nuestro cuerpo. Para los druidas, lo real es el mundo espiritual. El alma pasa por 3 estados, el primero: el animal. Luego otro en que el alma encarna numerosas veces en distintos mundos. El tercero es un estado mucho más gozoso en que se vive en mundos felices, te desprendes de las influencias corporales y se acaban las reencarnaciones.

Lucano, en el canto I de Farsalia, dice: “Para vosotros … el alma vuela a animar otros cuerpos en diversos mundos. La muerte no es más que el centro de una larga vida

La mitología nórdica también refleja la reencarnación, y se cree que los vikingos creían comunmente en ella.

Los sumerios creían que después de la muerte, el alma debía realizar un difícil recorrido hasta llegar a una especie de infierno donde permanecía por toda la eternidad. No hay renacimiento ni reencarnación.

Mazdeísmo, o Zoroastrismo: afirma que el alma permanece 3 días y 3 noches junto al cuerpo muerto. Durante este tiempo todas las acciones pasadas se presentan ante el alma en un juicio inexorable. Si el resultado es negativo, el alma caerá a un abismo infernal. Al final de los tiempos habrá una especie de apocalipsis en que el bien vencerá y resucitarán los muertos (parecido al apocalipsis de la Biblia).

Vuduismo: (o vudú) es una de las religiones más antiguas, originaria de los pueblos que fueron trasladados como exclavos desde África Occidental y posteriormente influenciada por el cristianismo y posiblemente por el politeísmo céltico. Existen deidades, y es posible comunicar con ellas. A pesar de que el vudú no tiene doctrinas básicas cree en la reencarnación y dan un papel relevante a los espíritus de las personas fallecidas.

Brahmanismo: una de sus piedras angulares es la reencarnación o samsara. El alma evoluciona a través de la reencarnación, según las obras buenas o malas que se hayan realizado en una vida anterior (karma). Al morir el alma abandona el cuerpo y es llevada a un juicio, y en función de este reencarnará en una existencia superior (celestial), inferior (infernal) o intermedia (vida humana). La liberación de la rueda de reencarnaciones se consigue cuando el alma (mediante prácticas yóguicas o ascéticas) ha evoluciona completamente, no hay más karma que “limpiar” ni necesidad de reencarnar, y el alma se funde con el alma universal.

Jainismo: El alma es potencialmente divina y puede alcanzar la meta mediante prácticas ascéticas y purificadoras. Según las acciones realizadas el alma, sometida a la rueda de reencarnaciones, puede renacer con una condición demoniaca, animal, humana o divina. El alma pierde su omnisciencia (capacidad de saberlo todo) por su corrupción, apego a lo material, agresividad, mentira, etc. Para recuperar su sabiduría original debe librarse de su karma y alcanzar el conocimiento, alcanzando entonces el nirvana donde estará libre de sufrimiento.

Vedismo: Es una religión muy antigua, desaparecida, previa al hinduismo. Estaba basada en los 4 textos más antiguos de la India: los Vedas (en sanscrito, “conocimiento”), que supuestamente fueron comunicados oralmente por Dios a algunos sabios del pasado. Los Vedas afirman la inmortalidad del alma y la reencarnación sucesiva. También que la situación en la vida actual es consecuencia de las obras realizadas en las vidas anteriores.

Hinduismo: Más que una religión, es un conjunto de creencias. Creen en la reencarnación o transmigración de las almas, es decir, cuando una persona muere reencarna, pero no necesariamente en un ser humano (dependiendo de si su karma es positivo o negativo). Para acabar con este ciclo y reunirse con el alma universal, tiene que lograr la perfección, alcanzando la verdad y renunciando a todo, superando de esta forma el peso de su karma. Nuestra alma es el reflejo de Dios, es también Dios.

Sijismo: Es un tipo de hinduismo que cree que el alma tiene que transmigrar de cuerpo en cuerpo como parte de su evolución, hasta alcanzar la unión con Dios mediante la purificación del espíritu. Si no se alcanza esa unión, el alma continuará reencarnando para siempre.

Budismo: Es un a concepción más moderna del brahmanismo, y una de las más grandes religiones del mundo (aunque más bien es una filosofía). Ofrece un modo de vida en que se puede acabar con el sufrimiento a través del esfuerzo y la meditación. La reencarnación (o quizás mejor, el renacimiento) es un pilar fundamental del budismo. La muerte, hasta que alcances el nirvana, es sólo lo que antecede a una nueva reencarnación. Para salir de esta rueda de reencarnaciones, hay que librarse de los apegos y los deseos. Buda sin embargo, negaba la existencia de algo permanente en la persona que ocupase distintos cuerpos, y por ello hay budistas que rechazan la reencarnación.

Budismo tibetano: Es un tipo de budismo que debe ser destacado, ya que posee un libro sagrado, “El libro tibetano de los muertos“, o Bardo Thodol, que es un detallado “libro de instrucciones” para guíar al moribundo durante su muerte y durante todo el proceso que la sigue (en el mundo espiritual) hasta llegar a la siguiente reencarnación. Este libro fue escrito gracias a muchas generaciones de monjes que, a través del desdoblamiento astral, lograron adentrarse en el proceso hasta conocerlo íntimamente. Describo todos los detalles en el resumen del libro.

Confucianismo: Las almas de los muertos viven en el cielo con la deidad Shangdi. La reencarnación fue incorporada al confucianismo a través de la influencia del budismo, ya que confucianismo, taoísmo y budismo estaban muy integradas en la tradicción china (se dice que el chino era confucionista al festejar las fiestas nacionales; si estaban enfermos convocaban a los sabios taoístas que les proveían hierbas sanadoras y se conectaban con los espíritus y al final de la vida llamaban a los sacerdotes budistas que creían en la reencarnación).

Taoísmo: Inicialmente no creían en la vida después de la muerte. El objetivo era alcanzar el conocimiento y la inmortalidad, pero no la del alma, sino la del cuerpo físico.

Sintoísmo: Es una forma de animismo (todo está dotado de alma) naturalista que venera a los antepasados. El hombre es un hito donde reside el espíritu. En él hay algo que sobrevive a la muerte del cuerpo y que es eterno, el mitama, la parte esencial del hombre, que vive eternamente en el más allá. Existe un infierno donde los muertos viven una vida semejante a la terrestre (estos japoneses…).

Shinto: Es una mezcla de animismo y chamanismo, y cree en la reencarnación en forma de espíritus o almas que se relacionan con los vivos. Ha sido muy influenciado por el budismo.

Judaismo: La más antigua de las tres grandes religiones monoteístas. La muerte significa la separación del alma y el cuerpo, el paso de un mundo de apariencias, un lugar de tránsito, entrenamiento y aprendizaje, al mundo espiritual que no depende de la materia (mundo de la verdad). Tal como vivamos, disfrutaremos o no del placer infinito. No se reconoce oficialmente la reencarnación, aunque aparece dentro de la Cábala. Se reconoce la inmortalidad del alma a través de la resurrección, e incluso algunas corrientes judias creen en la reencarnación de las almas. No parece existir un infierno, sino un lugar de purificación donde quién ha obrado mal permance durante un tiempo (muy similar también a lo que cuentan las personas hipnotizadas).

Cristianismo: La muerte es la consecuencia del pecado original de Adán y Eva, es la consecuencia del deseo de autonomía del ser humano, lo que provoca la ruptura de la relación existente entre Dios y el hombre. La resurrección de Cristo libera al hombre del pecado y la muerte, y es por lo tanto el principal pilar de la fe cristiana. Esta resurrección abre la puerta a la resurrección de todos los seres humanos al final de los tiempos. La muerte supone por lo tanto la separación del cuerpo (parte física y material), el alma (principio de vida, capaz de emociones, sentimientos o pasiones, capaz de razonar y analizar) y el espíritu (parte extrema del alma). La resurrección supone la restauración del ser completo (sus 3 partes, incluyendo la parte física). No está claro si la vida eterna comienza con la muerte del cuerpo, o con la resurrección al final de los tiempos. La mayoría de facciones cristianas opinan que un alma sin conciencia sobrevive al cuerpo.

Es muy significativo sin embargo que en los primeros tiempos del cristianismo se aceptaba la reencarnación. La epístola de Santiago habla por ejemplo de que nuestra lengua puede volver a poner en movimiento la rueda del renacimiento. También en “Orígenes” y en San Agustín se menciona la reencarnación. En los evangelios hay más referencias significativas: “En verdad, si un hombre no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios“; “Es verdad, entre todos los hijos de mujeres, no le hay más grande que Juan Bautista. Y si queréis entender, él es el mismo Elías que debía venir. El que tenga oídos pra oír, que oiga“; “Os enviaré el consolador. Aún tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis saber. Cuando viniere aquel espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad“.

Fuera de la Biblia está escrito que Jesús y los primeros cristianos creían en la reencarnación. La meta sin embargo de los cristianos es que las almas no reencarnen una y otra vez, sino que regresen de vuelta a casa. No se acepta sin embargo la transmigración de las almas: siempre se reencarna en un nuevo ser humano. Fue el emperador Justiniano quien, convocando un sínodo en Constantinopla en el año 543, condenó la doctrina de la reencarnación (a lo que el Papa se opuso). Sin embargo, la opinión personal del emperador se impuso ya que en ausencia del Papa, que no acudió al sínodo, nadie se atrevió a contradecirle.

Gnosticismo: Es un conjunto de corrientes filosóficas y religiosas muy unidas al cristianismo de los primeros siglos, aunque posteriormente fue declarado herético. Propugna la separación entre materia y espíritu. Sólo a través de la conciencia del propio espíritu, de su carácter divino y del acceso a las verdades sobre su propia naturaleza se puede alcanzar la salvación. Algunas corrientes del gnosticismo creían en el retorno cíclico de las almas a la prisión de la materia a través de la reencarnación. El ciclo de reencarnaciones se rompía por la gnosis (el equivalente a la iluminación de las religiones orientales).

Islamismo: El Islam propugna que la muerte no es un castigo, no es un mal, no es una aniquilación, es simplemente una etapa en el camino de la vida, camino que lleva a otra vida tras la resurrección física al final de los tiempos. Al morir el hombre llega al más allá y su alma permanece en un estadio intermedio hasta el día del juicio final, donde se le reprenderá por sus faltas. Se “pesarán” sus buenas y malas acciones, y la vida eterna será en un paraíso o en el infierno.

Los aztecas creían que la realidad se encontraba al otro lado de la muerte. Las circustancias de la muerte determinarán el destino del espíritu en el más allá. Morir en una batalla, en el altar de sacrificios o durante el parto suponía unirse al Camino del Sol en su eterno viaje por los cielos. Morir ahogado suponía ir al paraíso del dios de las aguas, donde la vida era enteramente feliz. Otros tipos de muerte implicaban ir a la Tierra de los Muertos donde había que hacer un duro y peligroso viaje del que, si salía victorioso, accedía a un ansiado y bien merecido descanso eterno.

Los mayas creían que la muerte no era sino un paso a un lugar muy parecido. El alma va al inframundo, y después renacía en otro ser humano sin guardar ningún recuerdo de la vida anterior ni del periodo pasado en el inframundo.

Los incas creían en la vida después de la muerte, donde los muertos vivían una nueva existencia, bien junto a los dioses y las almas de los hombres virtuosos, o bien en el infernal mundo de los muertos con los seres malvados.

Los griegos (antiguos) creían que al morir del cuerpo se desprendía algo que continuaba una vida independiente, un doble etéreo que no se podía tocar, pero podía moverse por si mismo, pensar y desear. Platón escribe en “Fedro” como el alma humana, de acuerdo al grado de descubrimiento de la verdad que haya alcanzado, nacerá en un tipo de cuerpo u otro. Las vidas son pruebas para que las almas se perfeccionen.

Orfeo, en los Himnos órficos, dice: “… después de largo circuito de las existencias tenebrosas, saldréis al fin del circuito doloroso de las generaciones y os encontraréis todos como una sola alma en la luz de Dionisio. Amad, porque todo ama. Pero amad la luz y no las tinieblas. Acordaos del fin durante el viaje. Cuando las almas vuelven a la luz, llevan, como manchas asquerosas en su cuerpo etéreo, todas las faltas de su vida… Y para borrarlas, es menester que expíen y que vuelvan a la Tierra… Pero los puros, pero los fuertes se van al Sol de Dionisio“.

Los egipcios (antiguos) no creían en la reencarnación, sino en la resurrección. Creían en la vida tras la muerte, pero mediante un renacer. Lo que sobrevive no es un ser intangible o insustancial, sino que el cuerpo renace y el alma o espíritu vuelve a ingresar en un cuerpo físico resucitado. Si se aprobaba el juicio de los dioses, se residía en el cielo donde no existen adversidades ni sufrimientos, sino goce y sensaciones extáticas.

En el libro epigcio de los muertos se detalla todo el proceso que acontece desde la muerte y explica: “el hombre que muere sigue a Osiris en el reino de los muertos, las puertas del otro mundo se abren ante él, se le da cebada y espelta en el campo de los torrentes [en el cielo] y él es como los dioses que allí habitan” […] “¡Oh alma ciega, ármate con la antorcha de los misterios, y, en la noche terrestre, descubrirás tu doble luminoso, tu alma celeste. Sigue ese guía divino, y que sea tu genio, pues tiene la clave de tus existencias pasadas y futuras!“. […] “Soy tu hermana invisible, soy tu alma divina, y éste es el libro de tu vida. Encierra las páginas llenas de tus existencias pasadas y las páginas blancas de tus vidas futuras. Algún día las dessenrollaré todas delante de ti“. […] “Las almas bajas y malvadas permanecen encadenadas a la tierra por medio de múltiples renacimientos, pero las almas virtuosas levantan el vuelo hacia las esferas superiores donde recobran la vista de las cosas divinas”.

En definitiva, vemos que la creencia en la reencarnación ha existido desde la antiguedad en el chamanismo y en las religiones egipcia, griega, hinduista, budista y romana. Está presente en la mayoría de religiones orientales (vedismo, hinduismo, budismo y taoísmo) y en el origen de las religiones indígenas americanas,  africanas y de Oceanía. La creencia en la reencarnación ha sobrevivido como herejía o postura no oficial incluso dentro de las religiones judeocristianas (cristianismo, judaísmo e islam) a pesar de no contemplarla oficialmente.

Sin querer afirmar ni concluir nada, si debo decir que las creencias en que se basan muchas de estas religiones son extraordinariamente similares a las experiencias que describen personas hipnotizadas, personas que han vivido una experiencia cercana a la muerte e incluso personas que han tomado plantas o sustancias psicotrópicas.

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